Julio 7, 2021

Aconteceres

por José Luis Camacho Vargas

Monreal, el tapado

No se hagan bolas.

 

Nadie puede negar la larga y amplia carrera política que el actual presidente de la República ha tenido a lo largo de las décadas. De ser un modesto militante del PRI en los años setenta ahora ocupa la primera magistratura de México.

Y como marcan los cánones de la tradición política mexicana, pasada la elección intermedia inicia la sucesión presidencial.

Mujeres y hombres cercanos y no al presidente buscan la candidatura del actual partido en el poder, así como en los partidos políticos de oposición. Nadie tiene en estos momentos la posibilidad de afirmar quién ganará la elección presidencial pero evidentemente que quien resulte ganador de la candidatura del partido en el poder tendrá más posibilidades de suceder al tabasqueño.

Mucho se ha escrito y dicho acerca del juego que más gusta a la clase política de nuestro país, que es el juego sucesorio; ya se escribe en columnas políticas y se comenta en los comederos políticos quién o quiénes tienen mayores posibilidades de ser el o la abanderada.

Si bien el presidente de México mucho ha aprendido en estos tres años de lo que es la alta política, sin duda alguna a lo largo de su vida aprendió más de las reglas no escritas, una de ellas es la que advierte que quien se mueve no sale en la foto y, además, que el elegido es el hombre no sólo más leal sino sobre todo el más eficaz.

En ese sentido, el primer mandatario ha sido reiterativo en enumerar los nombres de quienes, a su parecer, tienen espolones para sucederlo. Y mucho ruido ha causado, sobre todo, a quienes no ha mencionado.

Se trata de un ejercicio con el que el presidente busca proteger al tapado, es decir, al elegido y a quien evitará que lo ponchen antes de batear.

Bajo esa capucha parece estar Ricardo Monreal Ávila, político con muchas horas de vuelo y quien ha resultado ser un eficaz operador para el presidente. Cada quincena, sin falta, se reúnen para desayunar y acordar agendas.

De ahí que a veces el presidente no diga todos los nombres y mucho menos, lo que en realidad piensa.