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Febrero 27, 2020

De lealtades y traiciones

José Luis Camacho Vargas

 

¿Qué le pasa a Francisco Labastida?

Político que tras haberlo sido todo en la administración pública de México, Francisco Labastida Ochoa demuestra que no aprendió nada a lo largo de su privilegiada y consentida carrera política, pues donde no existe agradecimiento no puede existir ninguna otra virtud.

 
Licenciado en Economía con estudios de posgrado en Santiago de Chile, Francisco Labastida colaboró con el presidente Miguel de la Madrid como secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal y como subsecretario de Programación y Presupuesto. Fue miembro del gabinete del presidente Ernesto Zedillo como secretario de Gobernación; secretario de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural y director general de Caminos y Puentes Federales de Ingresos y Servicios Conexos (CAPUFE).

Fue además embajador de México ante Portugal, candidato presidencial por el PRI y senador por Sinaloa.

Es decir, lo fue todo. Pero hoy, con una memoria nublada por la frustración, busca reinterpretar la historia a su conveniencia, distorsionando la realidad y queriendo justificar su derrota del año 2000 con argumentos como que su foto no salió en espots ni fotografías durante el arranque de la campaña presidencial.

Sin embargo, lo cierto es que su derrota de aquel año obedeció a su incapacidad para hacer frente a un candidato con inventiva, frescura e innovación.

Contando con el favor del presidente Zedillo, a veinte años de distancia sostiene que él le presentó la renuncia como secretario de Gobernación y que por sus fueros él se impuso en la carrera por la candidatura presidencial, cuando lo cierto es que detrás de él existió toda una maquinaría que lo favoreció y de la cual hoy reniega.

Escatima los resultados positivos de todos quienes fueron sus jefes y a quienes debe su carrera política. A su parecer, todo estuvo mal y todos son responsables, menos él.

Hombre que fue del sistema y que se benefició de él, Francisco Labastida no puede hablar como si se tratara de un analista u observador objetivo, sino mejor dicho, como un político que debe asumir responsabilidades y no regatearlas.

Después de todo, la memoria de México no es tan corta y en estos tiempos en que los videos, declaraciones y actuaciones de los actores públicos están al alcance de un click, bien vale la pena que los políticos de ayer y de hoy se enseñen a hablar con la verdad.

El intelectual Jesús Reyes Heroles sostenía que nunca había que perder la oportunidad de quedarse callado, y no cabe duda que ni eso aprendió Francisco Labastida Ochoa.