Diciembre 5, 2020

Derecho, la enseñanza en la pandemia

(Primera parte)

José Luis Camacho Vargas

La pandemia ha exigido a todos sacar lo mejor de cada uno y, después de la heroica tarea de los profesionales de la salud, en el ámbito educativo encontramos varios de los ejemplos más reconfortantes por el compromiso que han demostrado. Maestras y maestros del nivel básico adaptando espacios de sus viviendas para dar clases en línea a sus estudiantes u ofreciendo Internet gratuito a los estudiantes vecinos sin conectividad, son algunos de los ejemplos más inspiradores y emblemáticos que todos hemos conocido.

Pero como institución, hay una que destaca por el esfuerzo sistemático, organizado y metódico para mantener primero y normalizar después, su funcionamiento. Se trata de la Facultad de Derecho de la UNAM. Ahí las primeras consecuencias de la pandemia, la suspensión del trabajo presencial, llegaron al mismo tiempo que al resto de las instituciones de educación superior del país. Pero la respuesta ante esa circunstancia fue lo diferente: voluntad y decisión para encontrar la manera de seguir funcionando y no truncar el proceso formativo de sus 15 mil estudiantes.

Aprovechando la libertad que la Rectoría dio a cada facultad, escuela e instituto para encontrar formas de organización, Derecho convocó a sus profesores y alumnos a un esfuerzo inusitado de comunicación para, no solo no poner en riesgo el semestre que había iniciado, sino a no perder un solo día de clases. Fue así como inició su camino por el descubrimiento y adopción de las herramientas digitales que las Tecnologías de la Información y la Comunicación ofrecen y día con día, sin dejar de interactuar académicamente con sus alumnos a la distancia, fue perfeccionando el trabajo hasta convertirse en la primera Facultad de la UNAM en explotar de verdad algo que ya existía pero que nadie había tomado suficientemente en serio: el campus virtual.

El primer semestre de la pandemia fue un éxito en Derecho porque sus resultados fueron mejores de los que cualquier otra institución logró. No se trató solo de dar clases a distancia, que ya era bastante, sino de reconocer los problemas que existían entre alumnos y también entre maestros para hacerlo, y encontrarles soluciones realistas y aplicables. Flexibilidad, compromiso, solidaridad y empatía, fueron las premisas con las que la comunidad en conjunto se condujo para no solo rescatar, sino terminar el primer semestre de la pandemia en condiciones ejemplares. Apoyos varios, tolerancia y garantías especiales de no afectación, cursos especiales y particularmente reconocimiento de que circunstancias excepcionales demandaban medidas excepcionales y una gran sensibilidad, fueron los criterios que se adoptaron para lograr que, en medio de todas las incertidumbres que la emergencia sanitaria les generaba, los estudiantes de Derecho se supieran acompañados y protegidos por su propia institución. Gracias a esa política institucional, trazada desde la Dirección de la Facultad y adoptada por prácticamente todas sus profesoras y profesores, Derecho fue la única facultad en la UNAM que no tuvo que prorrogar la duración de su semestre, además de ser la que más aulas virtuales abrió y puso en funcionamiento para sus estudiantes.

Ese fue el inmenso éxito del primer semestre, retratado y documentado, además, magistralmente por sus autoridades, en un documental de 12 capítulos breves que bajo el nombre “Bitácora de la Pandemia”, describe puntualmente cada una de las medidas y acciones que se adoptaron para enfrentar con tanto éxito ese complicadísimo primer momento.

El siguiente semestre, hoy bastante avanzado, requirió de nuevas y mucho más ambiciosas medidas para reafirmar el liderazgo de la Facultad de Derecho en el esfuerzo por adaptarse, mantenerse funcionando y cumplir sus objetivos, a pesar de una crisis sanitaria que aún no cede y afecta a todo el mundo. Esos nuevos esfuerzos, serán materia de la segunda parte de esta colaboración.

@jlcamachov