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Febrero 6, 2020

La Facultad de Derecho de la UNAM pidió diálogo; recibió insultos y agresiones

José Luis Camacho Vargas

 

La madrugada del 4 de febrero de 2020, personas ajenas al cuerpo estudiantil de la Facultad de Derecho de la UNAM intentaron secuestrar las instalaciones y evitar que se realizaran las actividades académicas cotidianas. Afortunadamente, el cuerpo docente y administrativo de esta institución impidió sus planes. No obstante, quienes llegaron a hurtadillas, en la oscuridad, portando diversas armas blancas, cubiertas de la cara y con una actitud evidentemente violenta, hoy acusan que fueron agredidas física y psicológicamente.

 
 
Pareciera que el mundo está al revés y los victimarios hoy pretenden hacerse pasar por víctimas de atropellos y de cerrazón.

Pero frente a esa neoverdad se imponen los videos y testimonios de docentes, trabajadores y alumnos que sí fueron víctimas, otra vez, de la violencia verbal y física de quienes pretendían tomar por la fuerza un centro educativo, amparándose en la grave situación de violencia de género que sufre el país.

Con base en lo que se percibe en los diferentes videos, no se trata de un conglomerado improvisado de manifestantes, sino de un cuerpo bien adiestrado, uniformado, bien comunicado y con la misión de provocar y causar el mayor daño posible.

Frente a los ofrecimientos de diálogo y entendimiento, las personas violentas contestaron con insultos, empujones, pintura y agresiones. Es evidente que las víctimas no fueron los encapuchados, sino las mujeres y hombres que sin esconder sus rostros sí sufrieron la intolerancia y cerrazón de quienes buscaban imponerse por la fuerza.

Muestra de ello es que horas más tarde, un grupo similar de encapuchados incendiaron y dañaron la torre de la Rectoría de la UNAM.

La Máxima Casa de Estudios está siendo asechada por intereses particulares, que buscan crear inestabilidad y enrarecer el ambiente en la institución pública más noble y justiciera del país, pues su objetivo no es otro más que hacer posible la movilidad social y generar capital humano en bien del país.

Como universitarios y como mexicanos no permitamos que esos intereses particulares y oscuros se impongan sobre el interés general y público de la UNAM y de México.